Un día sin Diablo Guardián

El Diablo Guardián está de viaje, muy lejos de aquí, se llevo los dolores, las culpas, los temores, las mentiras, los rencores, las cobardías, los sacrificios y todo lo demás.

Una luz cruza la mente como un relámpago y de pronto el fuego se va, huye, se extingue.

Nada mejor en está circunstancias que un día soleado, dejando que la mirada se extravíe en el horizonte, donde no hay nada más que lo siguiente, lo próximo, lo que fluye, lo que de una u otra manera existe, más allá del pensamiento, de la memoria, de los que es.

Los pasos se aligeran, devoro el asfalto con pasos firmes, el viento es respirable y trae presagios que solo nacen cuando tienen que hacerlo, sin pensar más que en el instante en que se dejan tocar. Después regresa la paz, el alma reposa en la mirada que llega sin avisar, en las palabras que han dejado su mordaza y emanan en forma de verdad, en lugares insospechados, maravillosos, preguntas, respuestas, entendimiento.

Enciendo un cigarrillo, la mente en blanco, miro lo que sucede a mí alrededor, los pensamientos fluyen, las ideas nacen y todo es diferente, las sensaciones evolucionan, maduran, el universo se acerca, se expande, las sombras huyen y disfruto las luces artificiales en el cielo, que a pesar de éste estado, donde la precepción cambia y todo es nuevo, sé que son reales y eso las hace únicas.

Divago en lo concreto, las emociones no son lo que eran, las sensaciones van incrementándose y al final de todo, mañana volverá a comenzar todo, de manera distinta, mejor, insospechadamente.

Y detrás del infinito solo soy lo que soy, sin Diablo Guardián, sin angustias, sin temores.
Fluyendo con el universo y con la vida…