Sefiní

Basta, por esta noche
cierro la puerta
me pongo el saco
guardo los papelitos donde
no hago sino hablar de ti
mentir sobre tu paradero
cuerpo que me has de temblar.

Juan Gelman

Onironauta

Asimilo los instantes, dejo que los días traigan paz, después de tan tremendos encuentros y desencuentros. De la gloria al infierno en menos de 48 horas, una broma mortal o tal vez un juego macabro, no lo sé.

Grises insomnios silenciosos, evocando lugares añorados, me conducen por laberintos sin minotauro, fatigado entre las contradicciones de un destino que no comprendo, entre ir y regresar, con las manos vacías, con un hueco de costilla a costilla y con los sentidos llenos de un material etéreo.

Desde un andén hasta un vuelo, un camino largo e indescifrable, donde los labios y los brazos se volvieron humo.

Las palabras de hoy se vuelven enigmas mañana y las alas se convierten en garras, las voces cesan y los murmullos se van, la entrega se difumina, se confunde con el miedo y solo queda la nostalgia.

Perdido en la memoria, recorro cada instante, cada destello, buscando un patrón, indagando un paradero, inquiriendo una respuesta a todas las dudas y lamentablemente me pierdo en silencios.

Dejo que la esperanza aborde el último vagón, que la soledad de ambule por viejos parques, que la memoria se extravíe en todos los lugares y en ninguno, por las noches un aroma se filtra en mi, los ojos ciegos buscan, las manos añoran y solo hay un vacío, una extraña sensación, un escalofrió, mi cuello se contrae, con la boca seca me levanto y busco fantasmas en medio de la noche.

La honestidad profética no me sirve, la poesía me vuelve la espalda y solo queda un misterio, un enigma, un hueco.

Los demonios se arremolinan, se confunden con palabras, con murmullos, con miradas, con labios, con brazos, con nostalgias; una vorágine, un tumulto informe que me devora, que me deja a mitad de camino siempre, perdido.

El silencio se ha vuelto insoportable, las letras no llegan y el tiempo marcha inexorable, pasan los días y todo es nuevo.

Viaja por sombras el onironauta, buscando restos de un naufragio, recolectando rastros de un tiempo de quimeras, extraviado en la memoria, alimentándose de recuerdos, de luces artificiales y de sensaciones que lleva en la piel, el tacto se comunica, dice verdades, la piel es un archivo inmenso, el aliento fluye para revivir instantes muertos y la carne deja de existir.

Entre la “confusión” y la “con fusión” hay una invisible frontera, pero los ojos no la quieren ver y el miedo no deja que los ojos se abran.

El onironauta toma su ruta y se pierde, buscando, sabiendo que no ha de encontrar.

Desierto

Demasiado ansioso me dejo llevar por un paroxismo difuso, me sobra la memoria y me asfixia el pensamiento, nostalgias del porvenir, menuda premisa.

Presa de obsesiones que se convierten en hidras en miedo del desierto, con la luna a plomo sobre mi sien, neuronas esclavizadas por indagaciones, por respuestas, por dudas, por certezas.

Cada veneno es más fuerte y más zagas, se adentra sutil por mis venas, inundando todo, destruyendo cada frágil parte de mí, no hay lugar donde ponerse a salvo, el diablo cumple su macabro plan y no hay salvación.

Desierto al fin, condena de la existencia para seguir mi propia sombra, esperando ángeles, inventando quimeras, museo de musas, esperando un oasis en el horizonte, perdido en mares de arena, dunas, tormentas, noches, fantasmas, pesadillas, pecados.

Solo, frente a frente con mi propia humanidad, sin reconocer si quiera un solo rasgo, un gesto insignificante; una palabra cae al suelo y no puedo hallarla, ciego que ha perdido la mirada, vacío, extraño y anónimo.

Esperar, siempre esperando, dejando ir la vida en cada encuentro y al final solo el desierto, con las manos vacías, con la muerte detrás de los ojos, cargando demonios ajenos que no cesan de atacar, con lágrimas petrificadas que nunca terminan de caer, con el frío por dentro, esperando.

Inmóvil al pie de templos, caído pero no vencido, hurgando en algún sitio, buscando motivos, arañando la carne para sentirme vivo, de cierto al fin y al final solo el desierto.