Asimilo los instantes, dejo que los días traigan paz, después de tan tremendos encuentros y desencuentros. De la gloria al infierno en menos de 48 horas, una broma mortal o tal vez un juego macabro, no lo sé.
Grises insomnios silenciosos, evocando lugares añorados, me conducen por laberintos sin minotauro, fatigado entre las contradicciones de un destino que no comprendo, entre ir y regresar, con las manos vacías, con un hueco de costilla a costilla y con los sentidos llenos de un material etéreo.
Desde un andén hasta un vuelo, un camino largo e indescifrable, donde los labios y los brazos se volvieron humo.
Las palabras de hoy se vuelven enigmas mañana y las alas se convierten en garras, las voces cesan y los murmullos se van, la entrega se difumina, se confunde con el miedo y solo queda la nostalgia.
Perdido en la memoria, recorro cada instante, cada destello, buscando un patrón, indagando un paradero, inquiriendo una respuesta a todas las dudas y lamentablemente me pierdo en silencios.
Dejo que la esperanza aborde el último vagón, que la soledad de ambule por viejos parques, que la memoria se extravíe en todos los lugares y en ninguno, por las noches un aroma se filtra en mi, los ojos ciegos buscan, las manos añoran y solo hay un vacío, una extraña sensación, un escalofrió, mi cuello se contrae, con la boca seca me levanto y busco fantasmas en medio de la noche.
La honestidad profética no me sirve, la poesía me vuelve la espalda y solo queda un misterio, un enigma, un hueco.
Los demonios se arremolinan, se confunden con palabras, con murmullos, con miradas, con labios, con brazos, con nostalgias; una vorágine, un tumulto informe que me devora, que me deja a mitad de camino siempre, perdido.
El silencio se ha vuelto insoportable, las letras no llegan y el tiempo marcha inexorable, pasan los días y todo es nuevo.
Viaja por sombras el onironauta, buscando restos de un naufragio, recolectando rastros de un tiempo de quimeras, extraviado en la memoria, alimentándose de recuerdos, de luces artificiales y de sensaciones que lleva en la piel, el tacto se comunica, dice verdades, la piel es un archivo inmenso, el aliento fluye para revivir instantes muertos y la carne deja de existir.
Entre la “confusión” y la “con fusión” hay una invisible frontera, pero los ojos no la quieren ver y el miedo no deja que los ojos se abran.
El onironauta toma su ruta y se pierde, buscando, sabiendo que no ha de encontrar.
Onironauta
Un alucine del Diablo Guardián 27/12/09 a las 9:16 p. m.
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