Desierto

Demasiado ansioso me dejo llevar por un paroxismo difuso, me sobra la memoria y me asfixia el pensamiento, nostalgias del porvenir, menuda premisa.

Presa de obsesiones que se convierten en hidras en miedo del desierto, con la luna a plomo sobre mi sien, neuronas esclavizadas por indagaciones, por respuestas, por dudas, por certezas.

Cada veneno es más fuerte y más zagas, se adentra sutil por mis venas, inundando todo, destruyendo cada frágil parte de mí, no hay lugar donde ponerse a salvo, el diablo cumple su macabro plan y no hay salvación.

Desierto al fin, condena de la existencia para seguir mi propia sombra, esperando ángeles, inventando quimeras, museo de musas, esperando un oasis en el horizonte, perdido en mares de arena, dunas, tormentas, noches, fantasmas, pesadillas, pecados.

Solo, frente a frente con mi propia humanidad, sin reconocer si quiera un solo rasgo, un gesto insignificante; una palabra cae al suelo y no puedo hallarla, ciego que ha perdido la mirada, vacío, extraño y anónimo.

Esperar, siempre esperando, dejando ir la vida en cada encuentro y al final solo el desierto, con las manos vacías, con la muerte detrás de los ojos, cargando demonios ajenos que no cesan de atacar, con lágrimas petrificadas que nunca terminan de caer, con el frío por dentro, esperando.

Inmóvil al pie de templos, caído pero no vencido, hurgando en algún sitio, buscando motivos, arañando la carne para sentirme vivo, de cierto al fin y al final solo el desierto.