Hallazgos

El Diablo Guardián huye despavorido en medio de la noche, buscando sus entrañas en el camino, devorando lo que una vez fue, abandonando todo vestigio de promesas, cada extraña trampa que alguna vez tendió.

Aparece el hombre que fue, el que quiere ser, el humano detrás de un mito de papel, abriendo las puertas a la vida, a las certezas de ser, de existir, de mirarse sin temor ante un espejo de agua, manantial de luz que llena cada rincón.

Las mentiras se diluyen cuando la honestidad llega, madrugada de leyenda en templos difusos, palabras sin ataduras que envuelven la noche en su infinita verdad, el sufrimiento corre y se tira a un abismo, nada vale más el flujo de una conciencia plena, sin esperas, sin exigencias, libertades que levantan un vuelo hacia mundos distintos, absolutos.

Ser y estar tomar un significado real, asfixias que no sirven de nada cuando las entregas valen más que las promesas, convergencias indisolubles que tejen un rumbo sin tormentas en el mar de lo inaudito, palabras mudas que se metamorfosean en un lenguaje más palpable y verdadero.

El código de una era que no cesa de expandirse, que se convierte en algo irreductible, inconmensurable, una realidad aparte que no entiende de ternuras, de negaciones, de mentiras y engaños, una realidad distinta que no sabe a dónde va.

Los hilo penden en medio de la noche, un rapto compartido que deja que todo se confabule para llegar un paso más allá de todo convencionalismo terrestre, energías contenidas por los años, opuestos que el destino coloca en la misma escena para desarrollar una historia, voces confusas de pensamientos antiguos, sensaciones adormecidas que abren los ojos y que al final son lo que son, por que no hay más.

Madrugada de deidades que cubren el nacimiento de algo indescriptible, almas que comulgan entre la vigilia y el sueño, plenitud del insomnio y del letargo, dimensiones que se fusionan dejando un rastro sin nombre, más allá de la memoria, de las sensaciones, del despertar, del antes y del después.

Las grietas se van, los temores dejan de existir y en ese privado universo todo es distinto, cada célula respira del elixir, nada es extraño todo es familiar, como si los siglos hubieran dejado una memoria en los sentidos, mirar el fondo con transparencia de sabio y permitir que lo que es, sea.

Buenos días, ha amanecido y no hay más que un nuevo día.