Pirotecnia

Una noche, dejando que la ciudad haga lo suyo, el bullicio de una calle, callejones endebles ante la presencia de demonios que se devoran en las esquinas, místicas energías que fluyen y confluyen, encontrándose en medio de la enormidad, artilugios invisibles que poco a poco se unen.

Sonidos confusos en medio de la nada, destellos de un antiguo ritual que de manera inesperada se gesta insospechado, surgiendo enigmáticamente; lenta ansiedad oculta en el inconsciente, necesidad oculta en nubes sin forma, sonámbula sensación en lugares no comunes, únicos y mágicos.

Movimientos involuntarios pero certeros, como las manos de Dioses que se ocultan detrás de planetas inexistentes, guían todo raciocinio por prados de luz nocturna, noctambula incertidumbre que es guidada por deseos del éter.

Una madrugada que asecha por siglos, aguardando el momento exacto, dados lanzados hace tiempo que buscan caer y que parece nunca ceden a la gravedad; calles nuevas cubiertas por un papel lleno de tinta negra, de donde imperceptibles surgen destellando puntos blancos.

Remotas voces resguardan el instante, ubicando todo para concluir una obra majestuosa, insospechada revelación de galaxias que se acercan, años luz concentrados listos para beber.

Una ciudad invadida por el sueño, aunque existen sonámbulos que creen que si duermen se los comen los gusanos, dejan la vida fluir por las venas de una madre de asfalto que no cesa en su afán.

El reloj juega su juego, las manecillas hacen su ronda, le tiempo se acerca, surge una leyenda viajando kilómetros para llegar a la cita entre llamas que hacen que el universo confluya y de pronto el primer estallido que anuncia estados de consciencia alterados por demonios que emergen de las entrañas del inframundo, ángeles caen en picada para hacer presencia.

Agónicas sombras cubren la batalla, tiempo diluido por una dulce droga que se alimenta de silencios, lenguaje de ciegos que sucumbe ante los sentidos que solo cumplen su labor, voraces fantasmas que escapan entre células sin creencias.

Sucumbir ante deidades imaginadas, eternidad de instantes, voces que palpitan más allá del bien y del mal, lejanas sensaciones que convergen en entre la noche de los tiempos y la aurora que anuncia sublime un despertar.

Petición de frases que buscan la certeza, más allá de toda muralla o de un letargo contenido.

Surgen voces sin tiempo ni espacio, entre la paz que deja una batalla de opuestos que chocan, con la furia encarnada, sublime hallazgo en medio de las tinieblas, como faro en medio de una tempestad que asume su labor en la vorágine de ráfagas y olas, brindando esperanzas a un barco de papel.

Un amanecer que llega implacable, cubriendo de luz espacios de ciegos, no hay más que vestigios, imágenes que no cesan, cadáveres de un tiempo de guerreros.
Finalmente los pasos regresan a lo que eran, el sol llega despiadadamente a limpiar los fragmentos de un estallido, la ciudad vuelve a su andar y los días pasan entre ecuaciones no resueltas.

¿Cómo concluye una madrugada de luces artificiales?

Barriendo los vestigios de papel que se quedan esparcidos en la calle.

No lo creo.