El Diablo Guardián no aparece, parece que el infierno lo sedujo, mientras tanto sigo aquí, usurpando su espacio.
Dejándome llevar por la seducción indescriptible de las letras, de la existencia, de los destellos y de la luna.
Recorro la ciudad con la mirada fija en un libro, cabalgo gusanos naranjas rumbo a mi destino, encuentro instantes únicos, paseando como un lobo solitario, permitiendo que los sentidos cierren los ojos y me comunique con todo como los ciegos, el tacto me devora, asfixia mis sensaciones y detrás de sus señales avanzo en medio de la noche.
Genialidades, insomnio, sangre, éxtasis, largos amaneceres, esperando que el día no termine, aferrando el impulso a una breve estadía, a momentos que aunque efímeros son inversamente proporcionales a una existencia real, tangible.
El dolor y la culpa huyen como fueran condenados o prófugos, la culpa no aparece ya que el miedo la invade, los ojos observan interiores desconocidos y a pesar de todo están en cada milímetro de piel se que se incendia ante una mirada enorme, que poco a poco se vuelve un hoyo negro.
Con gusto inconmensurable, sigo enriqueciendo lagos amargos, impulsados por la proa de mis labios, recogiendo antiguos dolores, dejando que el fluir de la sangre sea única, mágica y real.
Media noche, nada es todo y todo es nada, porque un inicio sin tiempo es una realidad demasiado sublime, un encuentro con la muerte y al mismo tiempo con la vida.
Universos de agua y de vida.
Living after midnight
Un alucine del Diablo Guardián 3/11/09 a las 12:37 a. m.
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