Hoy y tú

Renaciendo en la sangre, dejando atrás lo que no ha servido ni servirá, regreso del reino de hades, comunico mi inconsciencia, dejo que el fuego me arrastre en su calor.
Condescendiente como nunca, puro como veneno, indescifrable como un criptograma antiguo, místico mago del destino, humano hasta donde se puede y se debe, me fundo con la mirada de unos ojos mágicos, esenciales, primigenios, únicos y absolutos.
Dejo que la lava me haga suyo, que la noche me invada de su oscuridad, que la flor nazca en la penumbra y que mi ser quede invadido de la luz negra del tiempo.
Sucumbo ante la vida que el espejo me comparte, seducido por los poros de un ser magnifico, gloria de tiempos irreconocibles, los sentidos se vuelven receptores de un universo en explosión y la vida es un conglomerado de emociones irreconocibles.
Amante de lo que existe ante mi mirada, el Diablo se pierde se diluye en los fluidos enervantes que la vida ha traído, en las voces que en el silencio pueden decir millones de palabras sin mover los labios.
Toco la piel del mundo, un roce basta para hacer estragos en mi humilde existencia, mirar al infinito en una silueta que se va dibujando a mi lado, presencia de quimeras que se presenta en vigila y sueño, en tacto y en sabores, musa real que deambula en mi vida, en mi memoria, en cada sitio donde pongo la vista.
Nacen mis hijos desconocidos, brotan los temores, aparecen mis tonterías sin querer y a pesar de todo la luz es infinita, una sonrisa se dibuja como un camino al infinito, choco con un cuerpo que no es mío, pero que es y existe, me deja sus semillas generosa y espontáneamente.
Sin oponer resistencia vuelo con sus alas y me dejo llevar por lunas lunares, me entrego en cada espacio, en cada instante por mínimo que sea, hundo mi ser en cada grieta que se abre en la muralla más maravillosa que existe, espero paciente a que el flujo de energías estremezca el mundo y asesino mis miedos con la verdad que tengo, honesto y despiadado, absoluto.
Perdido en la memoria de los días, me dispongo a acudir al llamado de los labios, que aun dormidos laten mi ser y en mi humana condición.