Huyendo del destierro me lanzo al vacío.
Recorro de noche viejos parques, entre corredores y amantes, me siento en una banca a mirar como el invierno llena de luna las copas de los árboles, como la noche devora a la ciudad.
Me levanto buscando viejos pasos perdidos, enciendo un cigarrillo para que al menos algo me ilumine y me de calor, aunque lo más seguro es que me de cáncer, pero es un hábito demasiado arraigado.
Emprendo camino a una plaza comercial, me adentro en su grandeza vana y fría, dirijo mis sentidos a los cines, observando detenidamente a cada persona, en las taquillas, en los al rededores, en la dulcería, los que entran y los que salen, a lo amantes, a los novios, a las familias, a los solitarios; buscando fantasmas de otro tiempo, intentando ver la cartelera sin atinar a una sola película.
Doy media vuelta, me alejo no sin antes echar un último vistazo con la esperanza de saber en qué parte me perdí y peor aún, en qué parte no me encuentro.
Avanzo por la calle como un sonámbulo, los autos pasan, el viento frío cala hasta los huesos y me pregunto en donde estoy.
La estación del metro está cerca, bajo las escaleras y veo a una anciana sentada en las escaleras, esperando una limosna, extendiendo su mano con su cara cansada y la mirada triste, pero no atino a sacar una moneda, sigo mi camino indiferente.
La boletera me mira con sus ojos cansados y me da un boleto, paso los torniquetes, entro al andén y espero, pero mi mirada se congela cuando observo la silueta de dos amantes que en un abrazo se dicen todo, intento hacer memoria ya que se me hacen conocidos, por el túnel aparece a toda velocidad el tren y desesperadamente intento buscarlos con la mirada. Se cierran las puertas y el tren se va, el andén queda vacío nuevamente y los amantes se han ido.
Extraviado de polo a polo, abordo el vagón con rumbo desconocido, como un autómata desciendo y busco un bar.
Sórdido encuentro con seres de la noche, me siento en la barra y pido una cerveza; en una mesa hay un grupo de trajeados, al parecer celebrando algo ya que hacen mucha bulla, del lado opuesto observo a una mujer sola, en la parte más oscura hay una pareja que al parecer terminará en la cama está noche.
La tercera cerveza comienza a hacer efecto, los trajeados se han ido, la mujer sola sigue bebiendo, no mira a nadie, sigue en la misma posición, su mirada se pierde en un punto demasiado lejano y la pareja pide la cuenta preguntando al mesero que hotel es el más cercano.
Necropsia I
Un alucine del Diablo Guardián 10/2/10 a las 9:19 p. m.
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