Un día sin Diablo Guardián

El Diablo Guardián está de viaje, muy lejos de aquí, se llevo los dolores, las culpas, los temores, las mentiras, los rencores, las cobardías, los sacrificios y todo lo demás.

Una luz cruza la mente como un relámpago y de pronto el fuego se va, huye, se extingue.

Nada mejor en está circunstancias que un día soleado, dejando que la mirada se extravíe en el horizonte, donde no hay nada más que lo siguiente, lo próximo, lo que fluye, lo que de una u otra manera existe, más allá del pensamiento, de la memoria, de los que es.

Los pasos se aligeran, devoro el asfalto con pasos firmes, el viento es respirable y trae presagios que solo nacen cuando tienen que hacerlo, sin pensar más que en el instante en que se dejan tocar. Después regresa la paz, el alma reposa en la mirada que llega sin avisar, en las palabras que han dejado su mordaza y emanan en forma de verdad, en lugares insospechados, maravillosos, preguntas, respuestas, entendimiento.

Enciendo un cigarrillo, la mente en blanco, miro lo que sucede a mí alrededor, los pensamientos fluyen, las ideas nacen y todo es diferente, las sensaciones evolucionan, maduran, el universo se acerca, se expande, las sombras huyen y disfruto las luces artificiales en el cielo, que a pesar de éste estado, donde la precepción cambia y todo es nuevo, sé que son reales y eso las hace únicas.

Divago en lo concreto, las emociones no son lo que eran, las sensaciones van incrementándose y al final de todo, mañana volverá a comenzar todo, de manera distinta, mejor, insospechadamente.

Y detrás del infinito solo soy lo que soy, sin Diablo Guardián, sin angustias, sin temores.
Fluyendo con el universo y con la vida…

El amor.

¿Cómo amar sin poseer? ¿Cómo dejar que te quieran sin que te falte el aire? Amar es un pretexto para adueñarse del otro, para volverlo tu esclavo, para transformar su vida en tu vida, ¿cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio?

Texto de "El lado oscuro del corazón" de Eliseo Subiela

Paralelismos II

...Revelar una verdad contendia, que no cesa de acechar, mirar una vida en segundos ante la mirada perdida de miles de almas.

Un golpe en seco contra el asfalto, la gravedad cumple con su tarea y todo toma un curso, vuelo sin paracaídas, descenso a la tierra a velocidad luz y después...¿Ir al cielo, Ir al infierno o acaso al purgatorio? Demasiadas incógnitas tras ráfagas de vida, de amor y de esperanzas, certezas que iluminan y que a su vez nos llena de dudas. ¿Qué será lo que sigue, a dónde vamos, que nos espera?

No lo sé, pero deseo averiguarlo.


…Un golpe siniestro, sonidos mágicos surgen y tomo la decisión de saltar, de ser quien soy y dejar al tren en su carrera, grito como un loco cuando tomo conciencia de mis actos, sin maleta, sin boleto de regreso, en medio de la nada salto… Dejo que pase lo que tenga que pasar, caigo a un lugar solitario, ruedo, me golpeo pero al fin me libero de esa obsesión, de ese anhelo y dejo que fluya lo que tenga que fluir.

Miro el cosmos con nostalgia y sin embargo se que todo estará bien.

Sacudida


Hoy el tiempo se detuvo, los golpes fueron reales, racionales, decisivos.
Tendido en la lona, la luz aprecio de pronto, todo el cosmos en unas cuantas miradas, una verdad revelada, sin medias tintas, es todo o es nada.

Ese temblor, esa respiración, ese ir y venir en medio de la noche; un destello de lucidez para un cadáver, una muda circunstancia que hace que el pensamiento se aclare y que la verdad surja.

Un amor de bolsillo, de andén, de perdidos en el espacio, de honestidad y de miedo, de obsesión, de tan lejos y tan cerca. Amor de dudas, de sin sabores, de libertad, de ser lo soy y no hay más, porque no habrá más.

Tres strikes y estás fuera!

Corriendo en medio de la nada y del todo al mismo tiempo, una sensación sublime y pacífica.

Esperando el momento exacto, como un capricho del destino que no cesa de jugar...

Paralelismos

Tomar impulso, preparar cada músculo, lanzarse al vacío dejando el paracaídas, sintiendo en cada milímetro la gravedad actuando sobre el cuerpo, con el rostro rasgado por el viento, con el cuerpo inerte ante un vuelo desde la estratosfera. No pensar en nada, imaginar el impacto, caída en picada, vértigo de años en un instante apenas imaginado, forzando la humanidad a sensaciones indescriptibles, sin poder hacer otra cosa que esperar.

El tren abandona el andén, yo abandono el andén en busca de un destello, golpeándome con una muralla indescifrable, insospechada. Inicio la persecución de lo inasible, de un aroma, corriendo en un laberinto horizontal que no tiene dirección, la velocidad aumenta cada vez más la carrera se vuelve insostenible y la pesada maleta que cargo no me permite correr. En medio de la vorágine, de la desesperación he perdido el boleto de regreso.

Espirales en el aire, giros indiscriminados, las distancias se acortan, lo que antes era imperceptible se va aclarando, el golpe acecha en ese vuelo fugaz del descenso, el temor hace presa de los nervios de un cuerpo moribundo, no hay nada que hacer, calambres, los músculos que antes se preparaban, se tensan, el dolor es insoportable, pero no hay tiempo de nada, solo un milagro, un Dios o un desmayo podrían controlar la culminación de acto semejante.

Detengo la carrera para tomar aire, bajo la maleta para correr mejor, pero he perdido el camino, busco rastros, rostros, restos y parece que todo se lo llevo el diablo, a pesar de todo sigo un camino, intento hurgar en los recovecos, pero el destello se pierde, se apaga, huye y toma impulso para seguir su carrera, dejando enigmas a su paso, colocando murallas, cada vez más detestables y temerosas.

La física sigue cumpliendo sus leyes, se distinguen las casa, los edificios, la multitud a lo lejos, nubes pasan raudas, árboles, jardines, automóviles, todo se acerca, nubla la visión y la velocidad no cesa de aumentar, todo parece correr hacia uno, el miedo se incrementa segundo a segundo, el pánico se vuelve angustia y el cuerpo comienza a ceder ante semejante tormento, cortes, sangre, sudor y al final el golpe final que llega y tarda una eternidad en llegar y después...

Decido saltar del tren, pero la salida no la puedo encontrar, tengo miedo de perder al destello para siempre, me hundo en un rincón, me escondo, quiero correr y saltar aunque en ese salto me vaya la vida, pero no puedo, llega el llanto, un espasmo en el cuerpo, una profunda pena me embarga , me pierdo en el destello y me quedo mudo, mi cuerpo no reacciona, mi mente se nubla ante la memoria, tengo que saltar salvar lo que queda de mi pero no lo logro es entonces que de la nada...

Fin de la transmisión... cambio y fuera convoy espacial....

no hay respuesta....solo silencio....

Perdido


¿Qué hacer cuando morir es más sencillo que matar? ¿Cómo negociar entre vivir y dejar vivir? Arrastrasre sobre la propia humanidad para que los demás crucen el camino. Dejarse matar por miles de almas, que al final son solo una y nada más.

Aguardar a que las señales marquen un destino fatal, dejando atrás los sueños, la vida, la verdad y todo aquello que alguna vez fue nuestro.

Ignis Fatuus

Tres metros bajo tierra...

Intermitentes encuentros en el cosmos; girando incontrolablemente, sintiendo emociones lanzadas al infinito como meteoros proyectados a la velocidad de la luz. Big bang de instantes sostenidos por un abismo que parece infranqueable, como si la luz muriera en fracción de segundos detrás de un satélite que sigue su órbita y se pierde difuminándose en medio del universo.

Una entrega que se vuelve ciega, sensaciones que van más allá de una simple interpretación, de una simple y vacía cadena de sucesos, como dibujar algo maravilloso y borrarlo después para comenzar de nuevo, creando castillos en el aire, donde la princesa y el caballero renacen en cada intento de salvación.

Constelaciones privadas de almas perdidas, gritos inaudibles, sordas ecuaciones lúdicas ascendentes, extraviadas en lo inmenso de la nada, silencios rotos por el sonido mudo de las estrellas que de alguna manera intervienen en la fórmula matemática de las galaxias.

Eterna paradoja de un choque, de un tesoro escondido y protegido por una extraña maldición que acecha a los expedicionarios, inmaculado estremecimiento que se nubla por la razón, por el pensamiento, por la vana idea de un sentido que no deja de entender que el azar no existe, que el destino juega a hacer y deshacer.

Rosario de polvo cósmico, de explosiones, de implosiones, de mil siglos de orden, roto por seres extraños; generalmente, inteligentes, sombríos, eternos, lacónicos, angustiados. Que no dejan al universo funcionar.

Conjuro

En medio de la noche, cubierto de la espesa oscuridad de tus demonios, y cumpliendo cabalmente con mi labor de Diablo Guardián.

"Yo te maldigo invoncando mis más oscuros deseos, a que el amor te atrape en sus garras, que seas amada profundamente y que tu felicidad sea tan inmensa que olvides mi nombre y que alguna vez aparecí en tu vida.

Que a pesar de todo y por sobretodas las cosas tu vida sea plena".

Amén.

Cósmico

¿Y si la muerte supiera dulce?

Dulce devenir de una historia que agoniza, dulce temblor ante la vida que aparece como un fantasma, reconocido, cómo un mini terremoto que delata la ilusión.

Dulce como un tambor qué clama un ritual no concebido, dulce como un viaje al cosmos en un convoy espacial que cruza el universo.

Muerte de impotencia ante las puertas del infierno, muerte celestial en medio de una vóragine inmensa, donde el tiempo es relativamente proporcional al estado de éxtasis, temor mortal ante la incertidumbre de mil noches.

Muerte dulce ante la vida que fluye tras la mirada.

Salvación de un alma que no busca salvación.

Un dulce abrazo que la muerte anuncia, una mirada que asesina al pensamiento, que deja sentir una espacio sin llenar en medio de las fauces del destino, papel y tinta que fusionan vidas.

Tan lejos y tan cerca, una rosa de los vientos que no decide los rumbos, que se pierde en la noche de los tiempos.

Dulzura inevitable ante las tempestades, sensaciones desvirtuadas por el pecado que no deja de llegar, que no deja de culparse por las sensaciones...

...una enternidad entre los brazos, labios que sin hablar dicen todo y una mirada que deja ver  un destello.

Pecados

Miles de pasajeros en viaje inmoral por los pasillos de la capital...

El andén destilando prisas, divisiones, cansancio, tiempo; en medio de la vóragine, del ir y venir, del entrar y del salir, hay un punto ciego donde todo se detiene. La prisa se va y llega la charla, las divisiones son imperceptibles, el cansancio deja de importar por unos instantes y el tiempo se diluye en miradas y sonrisas.

Fluyen energías que logran jugar con el espacio, con el tiempo; gusanos metálicos naranjas vienen y van, no importa lo que pase, lo importante es el momento en que la mirada se pierde, los sonidos van y vienen como un murmullo y dos personas se abstraen del bullicio y se dejan llevar.

Una palabra, un roce, una risa nerviosa, una mirada que congela todo y a la vez nada. Despedirse, darse un beso en la mejilla y un abrazo que parece eterno, tomar caminos contrarios y llevarse el temblor de un abrazo, de un beso, de una mirada y esa sonrisa en los labios.

Hay quienes pecan de gandallas, y habitan por montones, ¿pero hay quienes pecan de dulces? ¿Es un pecado la dulzura? No lo sé, desearía saberlo.

Quizá lo sepa cuando aquella pareja vuelva a aparecer en aquel andén y pueda acercarme para saber quién peca de dulce, si él o ella.

Tal vez ambos, pero no lo sepan.

...siempre es igual

33

Nací a los 33 años....

Hoy renazco como un ave fenix, dejo que el fuego me consuma para nacer de las cenizas, reconzo mi gen, el único gen verdadero el de escritor.

Dulce elixir de muerte y renacimeinto, voces que emergen del interior de mi ser.

Gracias a la despiadada honestidad estoy de vuelta, como una ramera de las letras, listo para eyacular bits sobre una página web, para decir, sentir, probar y desafiar.

Diablo Guardián.