Pecados

Miles de pasajeros en viaje inmoral por los pasillos de la capital...

El andén destilando prisas, divisiones, cansancio, tiempo; en medio de la vóragine, del ir y venir, del entrar y del salir, hay un punto ciego donde todo se detiene. La prisa se va y llega la charla, las divisiones son imperceptibles, el cansancio deja de importar por unos instantes y el tiempo se diluye en miradas y sonrisas.

Fluyen energías que logran jugar con el espacio, con el tiempo; gusanos metálicos naranjas vienen y van, no importa lo que pase, lo importante es el momento en que la mirada se pierde, los sonidos van y vienen como un murmullo y dos personas se abstraen del bullicio y se dejan llevar.

Una palabra, un roce, una risa nerviosa, una mirada que congela todo y a la vez nada. Despedirse, darse un beso en la mejilla y un abrazo que parece eterno, tomar caminos contrarios y llevarse el temblor de un abrazo, de un beso, de una mirada y esa sonrisa en los labios.

Hay quienes pecan de gandallas, y habitan por montones, ¿pero hay quienes pecan de dulces? ¿Es un pecado la dulzura? No lo sé, desearía saberlo.

Quizá lo sepa cuando aquella pareja vuelva a aparecer en aquel andén y pueda acercarme para saber quién peca de dulce, si él o ella.

Tal vez ambos, pero no lo sepan.

...siempre es igual