Una temporada en el infierno

Después de una larga ausencia, despierto, abro los ojos, veo su mirada, fija en mi, me pierdo en ella.

Tomo fuerzas de la nada, me siento a mirar a mi al rededor, todo ha cambiado, no se cuanto tiempo estuve inconsciente, recuerdo el salto, la caída, la ausencioa de paracaídas.

Mi piel está seca, mis ojos tardan en acostumbrarse a la luz y sin embargo me embriaga un aroma, una sensación fantástica y eterea.

Estoy de regreso y dejo que la noche abra sus piernas y me lleve al infinito.

Mi infierno

Desperté en el infierno viendo pasar el dolor, me senté a observar los castigos, el dolor, la pena, el sufrimiento, los llantos de verdad, no las lágrimas fingidas.

Soñé un sueño sin tiempo y me quede observando las cosas que nunca llegan, la espera que deja en su tiempo un sin llegada, las manos vacías y el corazón inerte, casi muerto sin una gota de sangre.

Dejé que la vida me condujera hasta este inframundo, al fondo de mis deseos, con lava ardiendo en mis pies, con gases mortales en mi cuerpo, con la vida prestada de un ser mágico, esperando a que las emociones no cesarán.

Se me caen los cuernos, la muerte germina en mi mirada y sigo aquí esperando, siempre esperando, pagando viejas cuentas, dejando que el destino me arroje a ninguna parte, que mi muerte sea inadvertida, clandestino de este proceso, exiliado de mis pasiones.

Los ojos ciegos se dejan encantar, mi ser se encadena a las alas de una noche que no existe, mi piel se adhiere al éter y mis palabras se vuelven blasfemias porque no hay nada detrás de la puerta y esta puta soledad, se me queda en la piel.

Me lance al vacío, sin piedad, sin control, siendo el hombre que queda, dejando al diablo en la memoria y nada importa, solo disfrutar la ausencia de vida, el desencuentro, los temores y la muerte.

Agradezco al destino por permitirme tomar la quintaescencia de este veneno, de este tormento sublime de amar despiadadamente, locamente, estúpidamente.

Mañana espero que el infierno se haya largado a su territorio de mierda, para poder seguir recorriendo mis caminos, mis espacios, mi ser.

Hoy y tú

Renaciendo en la sangre, dejando atrás lo que no ha servido ni servirá, regreso del reino de hades, comunico mi inconsciencia, dejo que el fuego me arrastre en su calor.
Condescendiente como nunca, puro como veneno, indescifrable como un criptograma antiguo, místico mago del destino, humano hasta donde se puede y se debe, me fundo con la mirada de unos ojos mágicos, esenciales, primigenios, únicos y absolutos.
Dejo que la lava me haga suyo, que la noche me invada de su oscuridad, que la flor nazca en la penumbra y que mi ser quede invadido de la luz negra del tiempo.
Sucumbo ante la vida que el espejo me comparte, seducido por los poros de un ser magnifico, gloria de tiempos irreconocibles, los sentidos se vuelven receptores de un universo en explosión y la vida es un conglomerado de emociones irreconocibles.
Amante de lo que existe ante mi mirada, el Diablo se pierde se diluye en los fluidos enervantes que la vida ha traído, en las voces que en el silencio pueden decir millones de palabras sin mover los labios.
Toco la piel del mundo, un roce basta para hacer estragos en mi humilde existencia, mirar al infinito en una silueta que se va dibujando a mi lado, presencia de quimeras que se presenta en vigila y sueño, en tacto y en sabores, musa real que deambula en mi vida, en mi memoria, en cada sitio donde pongo la vista.
Nacen mis hijos desconocidos, brotan los temores, aparecen mis tonterías sin querer y a pesar de todo la luz es infinita, una sonrisa se dibuja como un camino al infinito, choco con un cuerpo que no es mío, pero que es y existe, me deja sus semillas generosa y espontáneamente.
Sin oponer resistencia vuelo con sus alas y me dejo llevar por lunas lunares, me entrego en cada espacio, en cada instante por mínimo que sea, hundo mi ser en cada grieta que se abre en la muralla más maravillosa que existe, espero paciente a que el flujo de energías estremezca el mundo y asesino mis miedos con la verdad que tengo, honesto y despiadado, absoluto.
Perdido en la memoria de los días, me dispongo a acudir al llamado de los labios, que aun dormidos laten mi ser y en mi humana condición.

Necropsia I

Huyendo del destierro me lanzo al vacío.

Recorro de noche viejos parques, entre corredores y amantes, me siento en una banca a mirar como el invierno llena de luna las copas de los árboles, como la noche devora a la ciudad.

Me levanto buscando viejos pasos perdidos, enciendo un cigarrillo para que al menos algo me ilumine y me de calor, aunque lo más seguro es que me de cáncer, pero es un hábito demasiado arraigado.

Emprendo camino a una plaza comercial, me adentro en su grandeza vana y fría, dirijo mis sentidos a los cines, observando detenidamente a cada persona, en las taquillas, en los al rededores, en la dulcería, los que entran y los que salen, a lo amantes, a los novios, a las familias, a los solitarios; buscando fantasmas de otro tiempo, intentando ver la cartelera sin atinar a una sola película.

Doy media vuelta, me alejo no sin antes echar un último vistazo con la esperanza de saber en qué parte me perdí y peor aún, en qué parte no me encuentro.
Avanzo por la calle como un sonámbulo, los autos pasan, el viento frío cala hasta los huesos y me pregunto en donde estoy.

La estación del metro está cerca, bajo las escaleras y veo a una anciana sentada en las escaleras, esperando una limosna, extendiendo su mano con su cara cansada y la mirada triste, pero no atino a sacar una moneda, sigo mi camino indiferente.
La boletera me mira con sus ojos cansados y me da un boleto, paso los torniquetes, entro al andén y espero, pero mi mirada se congela cuando observo la silueta de dos amantes que en un abrazo se dicen todo, intento hacer memoria ya que se me hacen conocidos, por el túnel aparece a toda velocidad el tren y desesperadamente intento buscarlos con la mirada. Se cierran las puertas y el tren se va, el andén queda vacío nuevamente y los amantes se han ido.

Extraviado de polo a polo, abordo el vagón con rumbo desconocido, como un autómata desciendo y busco un bar.

Sórdido encuentro con seres de la noche, me siento en la barra y pido una cerveza; en una mesa hay un grupo de trajeados, al parecer celebrando algo ya que hacen mucha bulla, del lado opuesto observo a una mujer sola, en la parte más oscura hay una pareja que al parecer terminará en la cama está noche.

La tercera cerveza comienza a hacer efecto, los trajeados se han ido, la mujer sola sigue bebiendo, no mira a nadie, sigue en la misma posición, su mirada se pierde en un punto demasiado lejano y la pareja pide la cuenta preguntando al mesero que hotel es el más cercano.

Si la vida te da la espalda...

Cuando la vida es capaz de llegar a chingajoderte, es porque sabe que tienes la capacidad innata de darle un revés, de jodertela de un solo golpe.

El tiempo te marcará la pauta para devolverle sus chingadas trampas.

Sólo se paciente, espera y toma lo que por derecho te corresponde, quien se te cruce en el camino, será una peldaño o una basura, tú eliges lo que debes hacer.

Por cierto las nalgas de la vida no son tan chingonas como dicen por ahí.

Encuentro

En el vaivén de un péndulo, colgado de un reloj antiguo, dejando que los tiempos vayan y vengan.

Permitiendo que el destino marque el camino, toco el cielo, vuelo y dejo que la vida fluya, que la verdad llegue.

Las alas de plata se funden con el sol y soy uno con el universo.

Sefiní

Basta, por esta noche
cierro la puerta
me pongo el saco
guardo los papelitos donde
no hago sino hablar de ti
mentir sobre tu paradero
cuerpo que me has de temblar.

Juan Gelman

Onironauta

Asimilo los instantes, dejo que los días traigan paz, después de tan tremendos encuentros y desencuentros. De la gloria al infierno en menos de 48 horas, una broma mortal o tal vez un juego macabro, no lo sé.

Grises insomnios silenciosos, evocando lugares añorados, me conducen por laberintos sin minotauro, fatigado entre las contradicciones de un destino que no comprendo, entre ir y regresar, con las manos vacías, con un hueco de costilla a costilla y con los sentidos llenos de un material etéreo.

Desde un andén hasta un vuelo, un camino largo e indescifrable, donde los labios y los brazos se volvieron humo.

Las palabras de hoy se vuelven enigmas mañana y las alas se convierten en garras, las voces cesan y los murmullos se van, la entrega se difumina, se confunde con el miedo y solo queda la nostalgia.

Perdido en la memoria, recorro cada instante, cada destello, buscando un patrón, indagando un paradero, inquiriendo una respuesta a todas las dudas y lamentablemente me pierdo en silencios.

Dejo que la esperanza aborde el último vagón, que la soledad de ambule por viejos parques, que la memoria se extravíe en todos los lugares y en ninguno, por las noches un aroma se filtra en mi, los ojos ciegos buscan, las manos añoran y solo hay un vacío, una extraña sensación, un escalofrió, mi cuello se contrae, con la boca seca me levanto y busco fantasmas en medio de la noche.

La honestidad profética no me sirve, la poesía me vuelve la espalda y solo queda un misterio, un enigma, un hueco.

Los demonios se arremolinan, se confunden con palabras, con murmullos, con miradas, con labios, con brazos, con nostalgias; una vorágine, un tumulto informe que me devora, que me deja a mitad de camino siempre, perdido.

El silencio se ha vuelto insoportable, las letras no llegan y el tiempo marcha inexorable, pasan los días y todo es nuevo.

Viaja por sombras el onironauta, buscando restos de un naufragio, recolectando rastros de un tiempo de quimeras, extraviado en la memoria, alimentándose de recuerdos, de luces artificiales y de sensaciones que lleva en la piel, el tacto se comunica, dice verdades, la piel es un archivo inmenso, el aliento fluye para revivir instantes muertos y la carne deja de existir.

Entre la “confusión” y la “con fusión” hay una invisible frontera, pero los ojos no la quieren ver y el miedo no deja que los ojos se abran.

El onironauta toma su ruta y se pierde, buscando, sabiendo que no ha de encontrar.

Desierto

Demasiado ansioso me dejo llevar por un paroxismo difuso, me sobra la memoria y me asfixia el pensamiento, nostalgias del porvenir, menuda premisa.

Presa de obsesiones que se convierten en hidras en miedo del desierto, con la luna a plomo sobre mi sien, neuronas esclavizadas por indagaciones, por respuestas, por dudas, por certezas.

Cada veneno es más fuerte y más zagas, se adentra sutil por mis venas, inundando todo, destruyendo cada frágil parte de mí, no hay lugar donde ponerse a salvo, el diablo cumple su macabro plan y no hay salvación.

Desierto al fin, condena de la existencia para seguir mi propia sombra, esperando ángeles, inventando quimeras, museo de musas, esperando un oasis en el horizonte, perdido en mares de arena, dunas, tormentas, noches, fantasmas, pesadillas, pecados.

Solo, frente a frente con mi propia humanidad, sin reconocer si quiera un solo rasgo, un gesto insignificante; una palabra cae al suelo y no puedo hallarla, ciego que ha perdido la mirada, vacío, extraño y anónimo.

Esperar, siempre esperando, dejando ir la vida en cada encuentro y al final solo el desierto, con las manos vacías, con la muerte detrás de los ojos, cargando demonios ajenos que no cesan de atacar, con lágrimas petrificadas que nunca terminan de caer, con el frío por dentro, esperando.

Inmóvil al pie de templos, caído pero no vencido, hurgando en algún sitio, buscando motivos, arañando la carne para sentirme vivo, de cierto al fin y al final solo el desierto.

Hallazgos

El Diablo Guardián huye despavorido en medio de la noche, buscando sus entrañas en el camino, devorando lo que una vez fue, abandonando todo vestigio de promesas, cada extraña trampa que alguna vez tendió.

Aparece el hombre que fue, el que quiere ser, el humano detrás de un mito de papel, abriendo las puertas a la vida, a las certezas de ser, de existir, de mirarse sin temor ante un espejo de agua, manantial de luz que llena cada rincón.

Las mentiras se diluyen cuando la honestidad llega, madrugada de leyenda en templos difusos, palabras sin ataduras que envuelven la noche en su infinita verdad, el sufrimiento corre y se tira a un abismo, nada vale más el flujo de una conciencia plena, sin esperas, sin exigencias, libertades que levantan un vuelo hacia mundos distintos, absolutos.

Ser y estar tomar un significado real, asfixias que no sirven de nada cuando las entregas valen más que las promesas, convergencias indisolubles que tejen un rumbo sin tormentas en el mar de lo inaudito, palabras mudas que se metamorfosean en un lenguaje más palpable y verdadero.

El código de una era que no cesa de expandirse, que se convierte en algo irreductible, inconmensurable, una realidad aparte que no entiende de ternuras, de negaciones, de mentiras y engaños, una realidad distinta que no sabe a dónde va.

Los hilo penden en medio de la noche, un rapto compartido que deja que todo se confabule para llegar un paso más allá de todo convencionalismo terrestre, energías contenidas por los años, opuestos que el destino coloca en la misma escena para desarrollar una historia, voces confusas de pensamientos antiguos, sensaciones adormecidas que abren los ojos y que al final son lo que son, por que no hay más.

Madrugada de deidades que cubren el nacimiento de algo indescriptible, almas que comulgan entre la vigilia y el sueño, plenitud del insomnio y del letargo, dimensiones que se fusionan dejando un rastro sin nombre, más allá de la memoria, de las sensaciones, del despertar, del antes y del después.

Las grietas se van, los temores dejan de existir y en ese privado universo todo es distinto, cada célula respira del elixir, nada es extraño todo es familiar, como si los siglos hubieran dejado una memoria en los sentidos, mirar el fondo con transparencia de sabio y permitir que lo que es, sea.

Buenos días, ha amanecido y no hay más que un nuevo día.

No tengo a donde ir

La terquedad de extender la mano a ninguna parte, de cruzar legiones en guerra si un rasguño, de pedir una limosna en medio de la opulencia.

Fragmentar las noche y los días, perder el pensamiento minuto a minuto, dejando que la conciencia haga de las suyas, buscando respuestas en castillos de viento, en puertos sin mar, diluyendo la vida en otras vidas, hurgando entre agujas para encontrar una paja, sembrar palabras en tierra estéril y saber que nunca se habrán de cosechar.

Terco como un loco que busca la razón, una razón que ha huido tras luciérnagas que al amanecer dejarán de brillar y no sabrá como regresar por que perdió el camino, loco afán de cordura, de entregas, de intercambios, de vidas, de muertes, de todo aquello que se desconoce y que sin embargo se ansía.

Probar todos los venenos de una sola vez y conservar de ellos solo la quintaesencia, lanzarse al huracán más furioso solo para ver sus entrañas y observar un instante el ojo calmo que habita en el centro; dejar todo, largarse a un viaje sin retorno en búsqueda de una ciudad perdida y perderse en la inmensa selva con la certeza de que existe.

La terquedad de seguir escribiendo, buscando una luz en medio de la más oscura noche, ciego de polo a polo, ajeno al mundo que se ha construido, lejano como un mito en las páginas de un libro que no se ha escrito.

No hay luz, hace frío, solo hay silencio, fantasmas cruzan la habitación, el pensamiento huye y tercamente solo estoy yo, solo yo y mi terquedad.

Con V de...

Soñar con la mirada abierta para que las palabras tomen vida, para que el universo se contraiga en medio de la rutina, para que los pendientes dejen de serlo y que todo comience desde el fondo.

Que una mirada marque los tiempos, que la sangre fluya a través del ser inundando de armonía cada espacio, cada momento.

Por todas partes tú, sin medida, ni espacio, mirando mundos infinitos con lunas en los ojos, con tactos oprimidos, con labios olvidados.

Con la mirada abierta cada sueño, sueña que tiene un sueño y así infinitamente, dejando palabras regadas por todas partes, que construyen una ciudad, un mundo, un universo, una galaxia, un cosmos que explota a velocidad luz.

La vida inundando palabras, llenando espacios blancos para que nazcan ideas, sensaciones ideas y recuerdos que se harán indelebles por siglos.

Pirotecnia

Una noche, dejando que la ciudad haga lo suyo, el bullicio de una calle, callejones endebles ante la presencia de demonios que se devoran en las esquinas, místicas energías que fluyen y confluyen, encontrándose en medio de la enormidad, artilugios invisibles que poco a poco se unen.

Sonidos confusos en medio de la nada, destellos de un antiguo ritual que de manera inesperada se gesta insospechado, surgiendo enigmáticamente; lenta ansiedad oculta en el inconsciente, necesidad oculta en nubes sin forma, sonámbula sensación en lugares no comunes, únicos y mágicos.

Movimientos involuntarios pero certeros, como las manos de Dioses que se ocultan detrás de planetas inexistentes, guían todo raciocinio por prados de luz nocturna, noctambula incertidumbre que es guidada por deseos del éter.

Una madrugada que asecha por siglos, aguardando el momento exacto, dados lanzados hace tiempo que buscan caer y que parece nunca ceden a la gravedad; calles nuevas cubiertas por un papel lleno de tinta negra, de donde imperceptibles surgen destellando puntos blancos.

Remotas voces resguardan el instante, ubicando todo para concluir una obra majestuosa, insospechada revelación de galaxias que se acercan, años luz concentrados listos para beber.

Una ciudad invadida por el sueño, aunque existen sonámbulos que creen que si duermen se los comen los gusanos, dejan la vida fluir por las venas de una madre de asfalto que no cesa en su afán.

El reloj juega su juego, las manecillas hacen su ronda, le tiempo se acerca, surge una leyenda viajando kilómetros para llegar a la cita entre llamas que hacen que el universo confluya y de pronto el primer estallido que anuncia estados de consciencia alterados por demonios que emergen de las entrañas del inframundo, ángeles caen en picada para hacer presencia.

Agónicas sombras cubren la batalla, tiempo diluido por una dulce droga que se alimenta de silencios, lenguaje de ciegos que sucumbe ante los sentidos que solo cumplen su labor, voraces fantasmas que escapan entre células sin creencias.

Sucumbir ante deidades imaginadas, eternidad de instantes, voces que palpitan más allá del bien y del mal, lejanas sensaciones que convergen en entre la noche de los tiempos y la aurora que anuncia sublime un despertar.

Petición de frases que buscan la certeza, más allá de toda muralla o de un letargo contenido.

Surgen voces sin tiempo ni espacio, entre la paz que deja una batalla de opuestos que chocan, con la furia encarnada, sublime hallazgo en medio de las tinieblas, como faro en medio de una tempestad que asume su labor en la vorágine de ráfagas y olas, brindando esperanzas a un barco de papel.

Un amanecer que llega implacable, cubriendo de luz espacios de ciegos, no hay más que vestigios, imágenes que no cesan, cadáveres de un tiempo de guerreros.
Finalmente los pasos regresan a lo que eran, el sol llega despiadadamente a limpiar los fragmentos de un estallido, la ciudad vuelve a su andar y los días pasan entre ecuaciones no resueltas.

¿Cómo concluye una madrugada de luces artificiales?

Barriendo los vestigios de papel que se quedan esparcidos en la calle.

No lo creo.